miércoles, 10 de octubre de 2007

Hola, no sé cómo subir las imágenes.

(7 de octubre)

"Los ojos de la abuela ya son como dos pozos de aguas oscuras, casi de obsidiana, un paisaje surrealista: como dos cenotes con un relieve de montañas alrededor. La abuela está muy flaquita, lenta, tambaleante . Es tan impresionante ver a la gente querida que da esos saltos de vida-muerte, como si me pasaran una película a gran velocidad. La velocidad de las neuronas y la circulación sanguínea para comprender, para actualizarse, para no llorar espontáneamente en ese mismo momento cuando le tomo la mano, pero sobre todo cuando la miro y me mira tratando de enfocar algún espacio de su historia. No sé qué historia no sé qué espacio, no sé qué sienta, yo solo la siento. Papá y la señora que la cuidan empiezan a hablar de qué falta en la heladera, de qué le gusta comer, le preguntan, comentan sobre la gata que acaban de operar y maulla y maulla. La abuela mastica la nada entre sus quijadas que ya no hablan, que hacen un tembleque rítmico, por donde aflora en medio de la incomprensión de lo que nos decimos alguna sonrisa. Ahí el mundo se estira y sus ojos se alargan. Círculos y rayas.

Papá está tan amoroso, tan padre. Lo disfruto en esa cierta certidumbre y prefiero estar tranquila y no preguntar o sobre-preguntar, que él mismo se siga respondiendo y así me va contando. Fuimos a las feria de cosas usadas ayer domingo, al borde del río. Hacía viento. Después fuimos al super juntos. Compré unas tijeras y resistol para empezar a hacer unos collages, se me había ovidado que quería hacerlos. Ayer caminé por el barrio de Pichincha antigua zona de prostíbulos. Hay una estación de ferrocarril a la vuelta y lo que hoy se llama “museo de la memoria”.

Es extraño me vuelve a pasar que camino y no sé bien qué estoy haciendo…pensé en “la búsqueda de fósiles urbanos”, huellas, una especie de arqueología de la memoria, en relación a los objetos y los lugares. Tampoco me atrevo mucho a quedarme en un lugar fijo. Y cuando aparecen las personas no hay mucho que contar….

Me gusta tener todo este tiempo dilatado, expandido, sin responsabilidades directas de ir para acá o para allá, creo que esta residencia se vuelve como un espacio de resonancia. Esta disponibilidad con la que cuento es fundamental para vivir en proceso."

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